La Pirámide de Teotihuacán fue abierta después de Miles de años y Conmocionó al mundo 

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La Pirámide de Teotihuacán fue abierta después de Miles de años y Conmocionó al mundo 

Hay un túnel debajo de una de las pirámides más grandes del mundo que estuvo sellado casi 2,000 años y cuando lo abrieron, lo que encontraron adentro no tenía ninguna explicación lógica. 2000 años. Eso es lo que tardó la humanidad en volver a poner un pie dentro de ese pasadizo. Y cuando finalmente lo hicieron, cuando los arqueólogos empezaron a retirar las rocas y la tierra que lo bloqueaban, lo que apareció fue tan perturbador, tan fuera de lo que cualquier manual de historia dice que debería existir ahí, que los propios científicos que lo

descubrieron no sabían qué cara poner. Pero vamos por partes, porque para entender lo que se encontró debajo de Teotihuacán, primero hay que entender que es Teothuacán. Y la mayoría de la gente, incluso gente que ha visitado el sitio, no tiene ni idea de la escala real para frente a esas pirámides. Teotihuacán no es simplemente un conjunto de ruinas bonitas a 40 km al noreste de Ciudad de México.

 Fue la ciudad más grande de toda Mesoamérica antes de que los aztecas siquiera  existieran como cultura. En su momento de mayor apogeo entre los años 300 y 650 de nuestra era, tenía una población mínima de 125,000 personas. Algunos cálculos más agresivos hablan de hasta 250,000. Eso la ponía al nivel de las ciudades más grandes del mundo en esa época, no de América, del mundo entero.

 22 km² de superficie construida, 2000 edificios, la mitad de la población completa del Valle de México concentrada en un solo lugar. Y lo más extraño de todo esto, nadie sabe con certeza quién la construyó. Cuando los  aztecas llegaron al sitio, probablemente entre 300 y 500 años después de que la ciudad fue abandonada, la encontraron ya en ruinas.

Ellos le pusieron el nombre The Teotihuacán, que en Naguatl vendría a significar algo como el lugar donde los hombres se convierten en dioses o el lugar de la apoteosis.  Aunque hay investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia que desde 2018 argumentan que los mesicas en realidad la llamabanhacán, que significaría ciudad del sol y que el nombre fue distorsionado durante la colonización española.

 Eso ya de entrada nos dice algo importante. Hay cosas fundamentales sobre este lugar que todavía  estamos descubriendo. Los teotihuacanos no dejaron escritura descifrada. No hay registros de sus reyes. No se han encontrado sus tumbas. No sabemos con certeza qué lengua hablaban, aunque hay hipótesis que apuntan al tota o al protonagua.

 No sabemos exactamente por qué construyeron lo que construyeron, ni  cómo lo construyeron con la precisión que lo hicieron, ni por qué desapareció todo tan súbitamente alrededor del año 750 de nuestra era. Lo que sí sabemos es esto. Tenían un dominio del tiempo y de la astronomía que era absolutamente sofisticado.

 La pirámide del Sol, construida alrededor del año 200 de nuestra era, mide 215 m por lado y 65 m de altura. Su base es prácticamente idéntica en dimensiones a la gran pirámide de Guisa en Egipto y está orientada de manera que hay exactamente  dos días al año en los que el sol se pone directamente frente a su fachada.

 Desde ese punto, el sol tarda 52 días en llegar a su punto más lejano hacia el norte y otros 52 días en regresar,  luego 260 días para ir hasta el extremo sur y volver. La pirámide está conjugando los dos grandes sistemas calendáricos mesoamericanos, el calendario ritual de 260 días y el calendario solar. Todo eso en piedra, sin GPS, sin instrumentos modernos, con una precisión que hoy sigue siendo verificable.

Presten mucha atención a esto porque ahora viene la parte que yo no me esperaba encontrar cuando empecé a investigar para este video. En 1971, durante los preparativos de un espectáculo  de luz y sonido en el sitio, alguien descubrió accidentalmente la entrada a un sistema de túneles debajo de la pirámide  del Sol.

 Por décadas los especialistas pensaron que eran cuevas naturales. Años después se determinó que eran túneles artificiales, casi con certeza construidos por los propios teotihuacanos. El túnel principal mide 103 m de longitud, llega a 7 m de profundidad y conduce directamente  hacia el centro de la pirámide.

 Y en el fondo había evidencia de un manantial que fue modificado artificialmente. Hay señales de que la pirámide estuvo rodeada de agua. Agua debajo de una pirámide. Agua que fue canalizada y controlada. ¿Para qué exactamente? Nadie lo sabe todavía con certeza. Pero eso no es el descubrimiento del que venimos a hablar hoy.

 El descubrimiento que conmocionó al mundo fue otro y ocurrió del otro lado de la calzada. En los años 2002 y 2003,  después de unas lluvias torrenciales extremadamente intensas, el suelo frente al templo de la serpiente emplumada, también llamado templo de Quetzalcoat, se hundió. Apareció un agujero. El arqueólogo Sergio  Gómez Chávez lo vio primero.

 Bajó con una cuerda y se encontró con algo que nadie esperaba, la entrada a un túnel artificial bloqueado en ambas direcciones con enormes piedras. Bloqueado deliberadamente. Fue sellado desde adentro hace casi 2000 años. Gómez no pudo entrar de inmediato. Pasó todo el proceso burocrático, los permisos, la formación del equipo, la obtención de tecnología especializada.

En 2004 y 2005, con apoyo del Instituto de Geofísica de la UNAM y usando radares de penetración terrestre, lograron mapear digitalmente el túnel. En 2009, el gobierno mexicano dio autorización oficial para comenzar la excavación. El proyecto fue bautizado Tlalocán, camino bajo la tierra, coordinado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

El equipo tardó casi 10 años en explorar el túnel completamente. 30 científicos trabajando meticulosamente con robots equipados con escáneres láser e infrarrojo,  porque algunos espacios eran demasiado estrechos o peligrosos para que una persona entrara directamente. Retiraron 13 toneladas de roca y tierra.

 13 toneladas que alguien hace 2000 años colocó ahí adentro deliberadamente para que nadie pudiera pasar.  El túnel tiene 103 m de longitud y desciende hasta los 18 m de profundidad en su sección más honda. Llega directamente debajo del templo de la serpiente emplumada. Y la investigación reveló algo extraordinario.

 Este espacio fue cerrado y luego reabierto y luego vuelto a cerrar al menos tres veces distintas a lo largo de su historia. Una de esas reaperturas fue alrededor del año 470 de nuestra era. Paren un segundo porque quiero que me digan aquí abajo en los comentarios qué están pensando. ¿Por qué alguien sellaría un lugar así tres veces distintas? ¿Qué estaban protegiendo? Los voy a estar leyendo.

Cuando el equipo de Gómez empezó a avanzar por el túnel, la  primera sorpresa fue visual. Las paredes, el techo y el suelo estaban recubiertos por completo de un polvo mineral brillante compuesto por pirita, hematita  y magnetita. Todo el recubrimiento fue importado desde fuera de la región de Teotihuacán.

  Ese mineral no existe ahí. Alguien lo trajo de lugares lejanos en grandes cantidades para cubrir de brillo cada centímetro de ese pasadizo. La interpretación más aceptada es que estaban recreando el cielo nocturno, las estrellas, en las profundidades de la Tierra, un cielo del inframundo. Y eso es solo el pasillo.

A medida que el equipo  avanzó, encontraron evidencias de que dentro del túnel hubo 17 muros de contención, cada uno de aproximadamente 3 m de ancho construidos a intervalos  regulares. 17 paredes construidas de adentro hacia afuera para bloquear el paso. Y en los restos de cada uno de esos muros, los arqueólogos encontraron lo que denominaron ofrendas, miles de objetos depositados cuidadosamente, collares trabajados con precisión, anillos, máscaras de madera con incrustaciones de jade, figurillas

humanas, dientes de cocodrilo en piedra verde, cristales tallados en forma de ojos, fragmentos de cerámica, conchas marinas del Caribe que está a más de 1000 km de distancia, ámbar de Chiapas a más de 800  km, objetos de manufactura claramente Maya. Todo eso confirmando que Teotihuacán no era una ciudad aislada, tenía conexiones activas con los pueblos mayas, con el Golfo, con el Pacífico, con Honduras.

 Una red de intercambio que abarcaba todo Mesoamérica. La verdad, yo me puse a revisar los informes del proyecto Tlalocan y lo que más me sorprendió fue la escala de los objetos. Hablamos de que hasta 2015  el equipo había catalogado casi 75,000 artefactos o fragmentos de estos. 75,000. Y eso que no se había terminado de excavar todo.

 En el total del complejo subterráneo, la cifra que manejan los investigadores es de más de 130,000 objetos, pero va mucho más allá de la cantidad. A los 65 m del inicio del túnel, el equipo encontró dos pequeños cuartos laterales, uno al norte y otro al sur. En el cuarto sur aparecieron cerca de 400 esferas de mineral metálico cubiertas de pirita con núcleo de arcilla de entre 4 y 13 cm de diámetro.

 El arqueólogo George Cogill, antes de fallecer en 2018, las calificó de fascinantes  y admitió que no tenía idea de qué función cumplían. Eran únicas. No se habían encontrado antes en ningún otro sitio arqueológico. Tranquilos,  ya vamos a llegar a la parte más perturbadora. Al final del túnel, el equipo encontró tres cámaras enormes y en esas cámaras estaba  la gran ofrenda.

 Ahí había más de medio kilo de cacao en perfecto estado de conservación. Para dimensionar eso, en toda la historia de la arqueología de México y Centroamérica, hasta ese momento solo se habían recuperado cinco semillas de cacao. Cinco. Y de repente aparece medio kilo de ellas con 2,000 años de antigüedad. Encontraron también más de 30,000 semillas de diferentes plantas en excelente estado.

 Restos ócios de venados, jaguares, pumas, lobos, coyotes y aves diversas. Un pozo cilíndrico de 83 cm  de diámetro, exactamente la unidad de medida estándar teotihuacana, cuya profundidad real todavía no ha sido determinada completamente. Y en el suelo de las cámaras algo que me dejó sin palabras cuando lo leí.

 Los constructores habían labrado pequeñas elevaciones en la roca, formando un paisaje montañoso en miniatura, como un mapa topográfico cosmológico. Y en ese paisaje había pequeños depósitos con mercurio líquido, mercurio importado desde Honduras a más de 800 km. Cantidades de mercurio líquido que nunca antes se habían encontrado en ningún sitio arqueológico de todo México.

 El mercurio, con su apariencia plateada y fluida, era para los teotihuacanos la representación del agua del inframundo, los ríos y lagos del reino subterráneo descritos en su cosmología. Y ese punto exacto donde miraban los objetos depositados es el eje vertical del templo de la serpiente emplumada.  El eje que según su cosmovisión conecta el inframundo, la superficie terrestre y el cielo, los tres planos del cosmos.

Pero quizá lo más impactante fue lo que estaba esperando ahí. Cuatro esculturas, dos de ellas en lo que parece haber sido su posición original, inclinadas hacia atrás mirando hacia arriba. Una femenina de mayor tamaño y una masculina, todas con ojos abiertos con incrustaciones de pirita.

 Y cuando los arqueólogos las levantaron, descubrieron que cada estatua tenía a su espalda una bolsa de material textil llena de objetos, objetos para hacer rituales, objetos mágicos de jade importados desde Guatemala. El director del proyecto, Sergio Gómez, interpretó que estas figuras representaban a los fundadores, a los sabios, que usando esos instrumentos determinaron dónde se fundaría la ciudad.

 Lo que no encontraron fue ninguna tumba, ningún resto de los gobernantes de Teotihuacán. Eso que todos esperaban, la justificación más obvia de por qué un lugar así fue construido,  sellado y protegido con semejante nivel de elaboración, simplemente no estaba. Gómez tiene su teoría. En la  época prehispánica, los grandes gobernantes eran incinerados.

 Es probable que sus cenizas hayan sido esparcidas dentro del túnel y simplemente no se conservaron. Hay también evidencias de huellas de objetos que fueron arrastrados hacia el exterior en algún momento de la antigüedad. Estos tipos no se quedan quietos porque la búsqueda no terminó con el cierre oficial del proyecto en 2017.

 Estudios con tecnología georradar y líder han detectado más anomalías bajo el sitio, más túneles sin abrir, más cámaras  selladas y hay una en particular que tiene a los arqueólogos con el pulso acelerado. Los escáneres muestran espacios vacíos bajo la pirámide del Sol que podrían corresponder a una cámara funeraria de élite que nunca ha sido encontrada.

 Si existe y llegan a abrirla sin dañar la estructura, Sergio Gómez y sus colegas han dicho que sería el equivalente en América al  descubrimiento de la tumba de Tutankamón en Egipto. Y todo esto con apenas entre el 3 y el 5% del sitio explorado arqueológicamente. El 95% de Teotihuacán todavía está bajo tierra.

 No es una frase de impacto, es el dato real que los propios investigadores de LINA reconocen oficialmente. Una ciudad que en su momento albergó a cientos de miles de personas, que exportaba obsidiana a toda Mesoamérica, que cuyos murales no tenían rival en el continente y que fue comparada con los pintores del Renacimiento italiano,  que construyó obras hidráulicas para controlar lagos y producir alimentos a escala industrial, que tenía barrios étnicos diferenciados donde vivían comunidades mayas, del Golfo y de Michoacán. Esa ciudad  todavía

nos está guardando la mayor parte de sus secretos. Y la pregunta que yo no he podido quitarme de la cabeza desde que me senté a investigar esto es una muy sencilla. ¿Por qué sellaron ese túnel? No una  vez, tres veces distintas a lo largo de siglos diferentes, construyeron 17 paredes de roca adentro de él.

 Llenaron el espacio con toneladas de tierra y piedra. Era obvio que no querían que nadie llegara ahí. ¿Qué era tan importante o  tan peligroso o tan sagrado que justificaba ese nivel de protección durante dos milenios? Nadie tiene una respuesta definitiva y eso en un mundo donde tendemos a  pensar que ya lo sabemos todos sobre el pasado, me parece más emocionante que cualquier respuesta que pudieran darnos.

 Teotihuacán lleva 2000 años esperando y apenas está empezando a hablar. ¿Qué creen ustedes que estaban protegiendo ahí adentro? Un ritual. Un secreto de estado, ¿algo  que todavía no tenemos categorías para entender? responde en los comentarios, te estaremos leyendo. Y eso ha sido todo.

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