El MUNDIAL No Valía NADA… Hasta México 1970  –

El MUNDIAL No Valía NADA… Hasta México 1970 

El mundial fue completamente artesanal durante casi 40 años pasamos de grabaciones en blanco y negro que debían viajar en avión a transmisiones que alcanzan más de 5000 millones de personas en diversos formatos. Dejamos atrás los balones de cuero que duplicaban su peso con la lluvia para pasar a pelotas de laboratorio de poco más de 400 g con chips internos [música] que se cargan inalámbricamente antes de cada partido.

 Las tarjetas amarilla y roja no existían, tampoco lo hacían las sustituciones y los equipos tenían como objetivo lesionar al mejor del [música] rival. No por nada en 1966 se dio la famosa cacería a Pelem y era muy común que los encuentros terminaran con futbolistas fracturados. El desarrollo del torneo ha sido abismal, pero no consistió en un proceso lineal donde cada edición aportaba su granito de arena extra.

 Hubo un mundial en particular que fue totalmente disruptivo y sin el cual la Copa del Mundo no sería lo que conocemos hoy en día. México 1970. Sin este campeonato no estaríamos hablando de transmisiones globales, ni de sponsors, ni de videos de lanzamiento de las elecciones en redes sociales, ni tantas otras cosas más.

 Allí fue donde cambió por completo la forma de ver, vender y hasta jugar al fútbol. La elección de la sede ya marcaba un hito. Por primera vez se realizaría fuera de Europa y Sudamérica, quienes se repartieron las ocho ediciones anteriores. El hombre clave para que esto sucediera se llama Emilio Azcárraga Milmo, más conocido como el tigre.

 Este no solo consiguió la seden, sino que también estaría detrás de la increíble transformación que tuvo el evento. Su padre, Emilio Azcarraga Vidaurreta, era un magnate de los medios de comunicación a mediados de los años 50. Inició XEW Radio y luego impuso telesistema mexicano anteora de lo que hoy conocemos como Televisa. Su foco era la radio.

 La voz de América Latina desde México, luego del sonido de un cilófono, se transformó en un símbolo en épocas donde no habían redes sociales. Eso sí, este no era un fanático de los deportes y consideraba que la televisión debía pensarse para shows y espectáculos, no para partidos de fútbol. Sin embargo, el tigre, su hijo, vivia que cambió por completo la percepción que tenía respecto al deporte, el panamericano de fútbol de 1956.

 Dicho evento se disputó en la capital mexicana y desbordado por el interés de la gente le pidieron a Telesistema Mexicano que lo transmitiera por televisión. La cobertura fue un éxito dejando en claro que el futuro estaba en el fútbol. Desde el principio, el objetivo del joven fue llevar una Copa del Mundo a su país, aunque para eso debían suceder varias cosas, dado que estaba completamente fuera del mundo de la redonda.

 El primer paso fue comprar el Club América en 1959, a más de 10 años del mundial en cuestión. Lo hizo por 425,000 pes mexicanos. el equivalente a seis autos Cadilac por ese entonces. Las crónicas dicen que se presentó así. Yo no sé nada de fútbol, pero sí sé de negocios y voy a convertir al América en un negocio bien administrado y redituable.

 Haciendo honor a sus palabras, inmediatamente buscó ayuda en alguien que sí entendiera de este bendito deporte. Fue allí cuando tomó relevancia el rol de Guillermo Cañedo. El dirigente venía a destacarse en el Zacatepec y había tomado la presidencia de la Federación Mexicana de Fútbol. El tigre no solo lo puso al frente del América, sino que también lo incorporó al conglomerado telesistema mexicano para impulsar justamente los proyectos deportivos del canal.

 Sí, todo eso al mismo tiempo que presidía la Federación Nacional. Una verdadera locura. La cuestión es que funcionó de maravillas y el club se transformó en uno de los más importantes del país, ganando trofeos en repetidas ocasiones a lo largo del tiempo. Una vez que Azcárraga se asentó en la industria del fútbol junto a Cañedo, la situación se tornó ideal para avanzar con el gran objetivo, la Copa del Mundo.

 Obviamente, ganar la candidatura no era nada fácil y para aquella edición debían luchar contra Argentina. Para que la FIFA los eligiera, los mexicanos basaron su propuesta en dos grandes puntos. El primero de ellos, relacionado a la infraestructura. Conversando con Cañedo, decidieron embarcarse en la construcción de un recinto que estuviera a la altura de Wembley o el Maracaná.

 Nos referimos al mítico estadio Azteca, una edificación que de hecho no fue para nada sencilla. El suelo de Santa Úrsula estaba lleno de roca volcánica y para prepararlo hubo que dinamitar 180,000 toneladas de piedra. Eso solo consumió casi todo el presupuesto inicial y elevó el costo de la obra de 95 a 200 millones de pesos mexicanos.

 El tigre tuvo que pedir un préstamo y vender piccos por adelantado bajo contratos de uso por 99 años. Incluso acudió a contactos políticos y a su propio padre, quien a pesar de haber estado en contra de la idea desde un principio, lo ayudó a terminarlo. Así es como este superrecinto que al momento de inaugurar se podía albergar hasta 110,000 aficionados, en 2026 se convertirá, escuchen bien, en el primero de la historia en recibir tres mundiales.

 Una verdadera locura. Con el estadio ya concretado, avanzaron sobre la segunda clave de su candidatura, la forma en que el torneo se mostraría al mundo. Verán, antes de 1970, si uno quería seguir el mundial en vivo desde cualquier parte del planeta, había una única alternativa segura, la radio.

 Quienes disponían de un televisor debían esperar a que llegara el avión con el contenido. Sí, el avión. Los satélites existentes por aquel entonces limitaban considerablemente la transmisión. Recién en Suiza 1954, Eurovision logró mostrar partidos en vivo a pocos países de Europa. Aunque también hay que decirlo, hoy mismo podemos encontrar importantes problemas para acceder a contenido desde otras partes del mundo, sobre todo cuando somos nosotros los que viajamos.

Eso fue, por ejemplo, lo que nos pasó cuando fuimos a España para grabar distintas cosas del canal. Uno de los temas que más me preocupaba cuando preparamos este viaje fue la conectividad. Era clave poder llegar y tener conexión, ya sea para pedir un Uber o justamente publicar los videos. Por suerte encontramos la solución perfecta y llegó de la mano de Sily y Sim, el sponsor de este video.

 Con Sily pueden conectarse a internet en más de 200 territorios sin necesidad de adquirir una SIM física. Ni hablar del riesgo que tienen de que cuando la inserten en el dispositivo no funcione o los datos no se activen a tiempo para cuando los necesitan. Nada de eso ocurre con Saile. Nosotros directamente descargamos la aplicación, elegimos el plan que se ajustaba a nuestras necesidades y listo, tuvimos conexión de manera inmediata.

 Lo mejor es que pueden comprar y activar el plan antes de viajar y así tener conexión apenas aterrizan. Además, se evitan las tarifas de rooming y pagan únicamente por los datos que necesitan. Además, está decir que se trata de uno de los precios más competitivos que podrán encontrar. Así que ya saben, si quieren viajar tranquilos, descarguen en el link de la descripción o también lo pueden hacer escaneando HQR.

 Eso sí, al momento de elegir el plan, introduzcan el código EDF para así obtener un 15% de descuento exclusivo y al mismo tiempo ayudarnos a que el canal siga creciendo y podamos hacer más cosas como estas. Volviendo a los mundiales, lo que sucedía, por ejemplo, en Chile, 1962 era que las cadenas como telesistema mexicano debían grabar localmente los partidos en rollos de película para luego enviarlas a sus países en vuelos comerciales.

 Si el encuentro era un domingo, las familias tenían que esperar al almuerzo o cena del lunes para poder verlo. El formato de transmisión en vivo, como dijimos, estaba acotado a ciertas regiones y así se mantuvo hasta Inglaterra 1966. Eso sí, los lugares donde se podía seguir en tiempo real interesantísima.

 La audiencia solo en Reino Unido para la final en ese año habría sido de 32 millones de personas. Según la página de la FIFA, gracias al satélite Intelstat 1 apodado Early Bird, que permitió unir redes de televisión de América e Europa por primera vez, fue un total de 400 millones de espectadores los que siguieron ese encuentro.

 Aún así, se trató de algo puntual para un partido específico. La mayoría de los fanáticos debían continuar esperando días hasta que llegó justamente México 1970. La gran innovación que permitió dar un salto en esta área fueron los satélites fijos que orbitan la Tierra a su misma velocidad y son conocidos como geoestacionarios.

 Ellos básicamente permiten captar la señal de una antena en tiempo real y distribuirla a las ubicadas en el resto del mundo. La utilizada por el territorio mexicano, por ejemplo, fue la antena situada en la estación de Tulancingo. El tigre, quien ya tenía equipos de trabajo capacitados para generar dicha señal, armó todo lo necesario para distribuir el evento a cada rincón del planeta.

 Además, aprovechó también otra gran invención de la época, la televisión a color. En 1963, un año antes de la candidatura para la Copa del Mundo, se llevó a cabo la primera transmisión comercial a color en la historia de la televisión de este país de la mano de Guillermo González Camarena, el principal artífice de dicho avance.

 Con este combo, el tigre y Cañedo viajaron a la FIFA para explicarle que de ser elegidos utilizarían satélites en el espacio para transmitir partidos disputados en un gran estadio en directo y a color. La propuesta era irresistible, por lo que en 1964 se impusieron a Argentina en las votaciones y la Federación Internacional les otorgó la organización de la edición de 1970.

 Y déjenos decirles que aquí es donde está el nacimiento de los derechos televisivos, como los conocemos hoy en día. Un único producto vendido a cada rincón del planeta que quisiera transmitirlo. La empresa Telesistema Mexicano se unió a la FIFA transformándose así en el primer socio de telecomunicaciones de la entidad. La idea era que la compañía se encargara de transmitir los partidos en México y además de producir la señal que se enviaría a nivel internacional.

 Al final de cuentas, la FIFA realizaba el torneo. Telesistema mexicano cobraba tarifas técnicas por generar y colgar la transmisión en el satélite y luego las cadenas internacionales le pagaban a la Federación Internacional por el derecho de bajar esa señal a sus respectivos territorios. Lo que quizás nadie esperaba era que esta innovación cambiara tan drásticamente el deporte.

Para empezar, los horarios de los partidos se volvieron un tema de discusión. Los europeos querían comprar la señal siempre y cuando los encuentros se realizaran en momentos del día aptos para su público. Esa fue la razón de que disputaron encuentros al mediodía mexicano, ignorando por completo las altas temperaturas que eso implicaba.

 De todas maneras, la organización tenía sus razones, dado que la decisión de transmitirlo globalmente fue un éxito y se cree que generaron alrededor de 1.8 millones dó por esos contratos. Así, por primera vez en la historia, la venta de entradas no era lo único relevante para los ingresos del torneo.

 A partir de ese año, la cifra no pararía de crecer hasta alcanzar los cerca de 4,000ones que esperan conseguir en 2026. Y el momento Visagra no se limita únicamente a la venta de esos derechos, porque una vez que se consigue que millones de personas sigan el evento, hay importantes efectos secundarios a tener en cuenta.

 Lo primero fue tener en claro que el torneo como tal debía dar un salto de calidad si lo iba a ver tanta gente. En ese sentido, para empezar, se modificó lo más preciado que existe dentro de un campo de juego, el balón. Desde la primera edición allá en Uruguay 1930 hasta Inglaterra 1966 se utilizaron pelotas de cuero.

 El problema con estas era que al no ser impermeables, cuando llovía, absorbían una cantidad inmensa de agua y pasaban a pesar alrededor de 800 g, por lo que patearlos y, sobre todo cabecear su cordón externo era un deporte de altísimo riesgo. Lejos de existir un proveedor global exclusivo como sucede actualmente, en ese entonces eran fabricados por empresas locales del país anfitrión con la FIFA supervisando, aunque tampoco era garantía de mucho.

 En la final del primer mundial, por ejemplo, se usaron dos balones distintos. Resulta que antes del comienzo, el árbitro le pidió a los capitanes que eligieran la pelota con que se disputaría el encuentro y estos no se pusieron de acuerdo. La decisión fue entonces jugar el primer tiempo con la preferida por Argentina, la Tiento de diseño escocosés, y la segunda parte con la de diseño inglés llamada T-Model, preferente de la selección uruguaya.

 Si bien la situación se fue ordenando con el paso del tiempo, no sería otro mundial que el de México 1970, donde aparecería la marca que iniciaría una era que continúa hasta nuestros días, Adidas. La empresa alemana diseñó un nuevo balón específicamente para dicho torneo, el Adidas Telstar, un nombre para nada casual, ya que se trataba de una referencia al satélite Telstar convertido en un símbolo del salto tecnológico de las telecomunicaciones internacionales.

 Blanca con paneles negros pentagonales buscaba que tuviera contraste para que aquellas personas que aún disponían de televisores en blanco y negro pudieran distinguirlo mejor. Los avances desde entonces fueron notables. Para 1986, el poliurétano reemplazó al cuero, naciendo así el primer balón sintético de la historia, siendo este muy superior en términos de resistencia a la lluvia y el barro.

 Hoy, más que nunca hace sentido el famoso dicho de que el fútbol es mucho más que solo 22 personas corriendo detrás de una pelota, aunque no lo decimos por las razones que todos creen, sino porque la trionda posee cobertura texturizada para optimizar el agarre y como mencionamos al principio, un chip interno que envía datos en tiempo real a los árbitros y al sistema barra.

 incluso debe cargarse inalámbricamente antes de los partidos. Una verdadera locura. Ahora bien, también es cierto que cuando comenzó esta relación de amor entre Adidas y la FIFA, la marca alemana no estaba sola en el mercado del fútbol, sobre todo en aquel preciso momento donde la Copa del Mundo se convirtió en un fenómeno global.

 Su gran rival era la mismísima Puma, una empresa tan cercana a Adidas que fue fundada por su hermano Rudolf Dasler a apenas un río de distancia. Por si no conocen la historia, hicimos un video al respecto. Lo cierto es que su batalla no se limitaba al balón pie. De cara a los Juegos Olímpicos de México en 1968, se dio una de las batallas más feroces por vestir a los mejores atletas del mundo. La intención era clara.

 Si todo el planeta veía a la figura del atletismo vestir la indumentaria, digamos, Puma, entonces el público iría corriendo a comprar sus productos. Eso los llevó a ambos a desembolsar sumas irrisorias para la época con tal de fichar las estrellas. Para que vean lo lejos que llevaron esta disputa, Adidas se las ingenió para bloquear el ingreso de los productos de la competencia al país azteca.

 Dos años después, la gran pregunta en la cita futbolística era, ¿quién vestiría a Pelé, el mejor jugador del planeta y quién iba por su tercera conoración mundialista? sobre todo por lo que dijimos antes respecto a que era un momento único para llegar a literalmente todo el mundo al mismo tiempo. Sin embargo, tanto Horse como Armin Das acordaron una suerte de alto el fuego para evitar que el uso de tantos recursos en una lucha por ganarse a Orrey los llevara a tener riesgos financieros.

 El famoso pacto Pelé indicaba que básicamente ninguno lo ficharía, pero cuando la estrella brasileña vio que sus compañeros de selección usaban calzado Puma, levantó la mano y le hizo saber a la firma que él también los quería. La tentación de semejante oportunidad pudo más y terminaron rompiendo el pacto. Así, cuando Pelé entró al campo para jugar contra Perú justo antes de que comience el partido, le pidió al árbitro unos segundos para atarse los cordones.

 Acto seguido, se agachó lentamente, la cámara lo enfocó y todo el mundo vio el famoso logo de la compañía. Lo interesante es que no fue casualidad. Orey recibió alrededor de $10,000 por un contrato de 4 años que incluía solicitar ese instante al juez del partido. Dicen las malas lenguas que hasta el camarógrafo recibió su parte para asegurarse de que salieran las botas del jugador.

 Ese es quizás el mejor ejemplo para entender lo que podía generar el torneo ahora que tenía dicho alcance. Se transformó [música] en un espacio publicitario ideal para aquellas marcas que buscaran alcanzar a cada rincón del planeta. Eso sí, mientras fuera del campo todo era innovación y avance, dentro de él aún quedaban muchas cosas por solucionar, porque más que fútbol parecía lucha libre.

 Para empezar, no existían las sustituciones durante los partidos. Si un jugador se golpeaba y estaba imposibilitado de continuar, simplemente debía retirarse y el equipo terminar con uno menos. Estaba más que claro que los conjuntos tenían grandes incentivos para ir a lesionar a la figura del rival. Así fue justamente como se dio la cacería de Pelé en 1966.

 Él mismo lo dejó claro en sus memorias. Contra Bulgaria, Sechep confundía mis tobillos con el balón. Ante Portugal, Morais me daba patadas y me sancadillaba sin descanso. Despiadadamente, me dejó fuera del partido con una doble falta brutal. Una verdadera locura. Más allá de lo perjudicial desde el punto de vista físico, mostrar en televisión a un jugador disputando un partido fracturado no era algo ideal para el producto.

¿Saben cuándo se modificó eso? Exacto. En México 1970. Allí fue cuando se incorporaron dos sustituciones por encuentro para cada equipo. Gracias a eso, no solo la lesión ya no afectaba tan gravemente a la selección, sino que también le permitió a los entrenadores diseñar nuevas tácticas y gestionar mejor las capacidades de sus futbolistas.

 El italiano Ferrucio Valgaresi, por ejemplo, tenía dos figuras de peso en la ofensiva, Rivera del Milan y Masola del Inter. A partir de esta normativa, su solución fue política. Jugaban un tiempo cada uno, aunque la realidad es que cuando llegó a la final ante Brasil fue Masola quien estuvo en el campo prácticamente todo el partido.

 Lo cierto es que hoy parece imposible pensar un encuentro sin sustituciones. En Estados Unidos 1994 se añadió un cambio extra reservado exclusivamente por si se lesionaba el arquero, mientras que en Francia 98 ya se pudieron realizar tres sustituciones de manera libre. A partir de Rusia 2018 se añadió un cambio extra permitido en el alarguen y en Qatar 2022 llegamos a los 5+ 1 en la prórroga.

 Volviendo a México 1970, lo cierto es que la incorporación de las modificaciones tampoco resolvió por completo el tema disciplinario, sobre todo en lo que a su comunicación para el espectáculo respecta. Previo a esta edición no existían las tarjetas amarilla y roja. El 100% de las penalizaciones eran realizadas de manera verbal o gestual, trayendo increíbles problemas tanto para los jugadores como para los fanáticos que seguían el partido.

 La audiencia no sabía si un futbolista había sido advertido o si simplemente estaba conversando con el árbitro del calor que hacía en el estadio. Con la televisión de por medio se requería un sistema que transmitiera las sanciones de la manera más visual posible. Para solucionarlo tuvo que llegar el árbitro Ken Hston. El inglés había dirigido lo que se conoce como la batalla de Santiago entre Chile e Italia en el mundial del 62.

 Como pueden deducir por el nombre, no fue un partido particularmente amigable. El juez tuvo increíbles problemas para controlar la situación, ya que eran tres idiomas distintos y claramente no existían los traductores automáticos ni nada por el estilo. 4 años después, en Inglaterra 1966, presenció desde la tribuna otro momento similar entre los locales y Argentina.

 El árbitro alemán había expulsado al mediocampista argentino Rati. El único problema fue que este nunca se enteró. dada la barrera idiomática, no se entendían entre sí y el futbolista aseguraba que no lo había agredido. No le quedaba claro si el árbitro lo estaba advirtiendo o qué le quería decir. Finalmente, varias personas, entre ellas el inglés Aston, tuvieron que bajar de la tribuna para informarle al argentino que había sido expulsado.

 Más allá de si estaba actuando su desentendimiento o no, la falta de señales claras y universales era más que obvia, hasta que un día al ex árbitro se le prendió la lamparita o mejor dicho el semáforo. Mientras transitaba las calles de su ciudad, notó que ese sistema alumínico tranquilamente podría llevarse al fútbol.

 Amarillo indica riesgo y rojo marca detenerse. Entonces, con la ayuda de su mujer, transformó ese sistema en dos simples cartulinas, una de cada coloro. Le transmitió su idea a los dirigentes y la FIFA dispuso su implementación en México 1970. Por primera vez, los jueces disponían de señales visuales universales, tanto para los jugadores como para que todo el público pudiera entender lo que estaba sucediendo.

 No importa si nacieron en Madrid, Tokio o París, entienden que la roja es lo peor que te puede pasar. Así, gracias a México 1970, la televisión se volvió algo central. Las reglas de juego se adaptaron para hacerlo lo más entendible posible y con todo ello la Copa del Mundo se convirtió en un negocio enorme. Fue debido a estos avances que Italia se pudo llevar 2,2 millones de dólares por ganar la edición del 82 y que quien lo haga en 2026 acumulará 50 m000ones.

 Luego del éxito de aquella edición, Guillermo Cañedo se transformó en vicepresidente de la FIFA y participó de manera directa en la organización y supervisión de los siguientes mundiales. 16 años después, cuando Colombia desistió de organizar la Copa del Mundo del 86, la Gran Cita volvió a visitar el Estadio Azteca y 30 años más tarde tendrá su tercera contienda.

 Por lo que si queremos comprender la historia de los mundiales, el de 1970 es definitivamente una parada obligatoria. No olviden suscribirse y cualquier comentario que quieran hacer lo vamos a leer. Nos vemos la próxima.

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