El tiempo, malas noticias…Ver más –

Una enorme mancha roja cubría prácticamente toda Italia.

Desde el norte hasta el extremo sur, las temperaturas comenzaban a subir de manera preocupante.

Y lo peor, según las primeras advertencias, todavía estaba por llegar.

En varias ciudades, los termómetros comenzaron a superar los valores habituales desde las primeras horas del día.

Las calles que normalmente estaban llenas empezaron a quedarse vacías.

Las persianas permanecían cerradas.

Los ventiladores funcionaban sin descanso.

Y muchas familias recibieron el mismo mensaje en sus teléfonos.

“Eviten salir durante las horas de mayor calor”.

En un pequeño apartamento de Roma, Elena observaba las noticias mientras preparaba el desayuno.

Su hijo Mateo apareció todavía medio dormido.

—Mamá, ¿por qué todo el mapa está rojo?

Elena miró nuevamente la pantalla.

No supo qué responder.

La presentadora señalaba diferentes zonas del país mientras explicaba que las siguientes horas podían resultar especialmente difíciles.

Elena apagó el televisor.

No quería preocupar al niño.

Pero cuando abrió la ventana, una corriente de aire caliente entró en la habitación.

Eran apenas las ocho de la mañana.

Y ya parecía mediodía.

Elena llamó inmediatamente a su madre.

La señora Teresa tenía 76 años y vivía sola a unos veinte minutos de distancia.

—Mamá, hoy no salgas

—Solo necesito comprar algunas cosas.

—No.

Teresa comenzó a reír.

—He vivido muchos veranos

Este puede ser diferente.

Hubo unos segundos de silencio.

Está bien —respondió finalmente.

Elena colgó.

Pero una sensación extraña permaneció en su pecho.

Miró otra vez el mapa.

Rojo.

Casi completamente rojo.

Y entonces comprendió por qué aquella imagen estaba siendo compartida por miles de personas.

Porque detrás de aquellos colores no había solamente números.

Había familias.

Personas mayores.

Niños.

Trabajadores obligados a permanecer durante horas bajo el sol.

Y una pregunta que comenzaba a repetirse en todas partes.

¿Cuánto tiempo duraría?

Durante las siguientes horas, la ciudad pareció cambiar.

Las plazas quedaron casi desiertas.

Algunos comerciantes colocaron recipientes con agua frente a sus negocios.

Varias personas buscaban desesperadamente lugares con sombra.

Los animales callejeros se refugiaban debajo de los automóviles.

Mientras tanto, Elena decidió visitar a su madre.

Medicamentos.

Y una pequeña bolsa con alimentos.

Antes de salir, Mateo volvió a preguntar:

—¿Vamos con la abuela?

—Sí.

—¿Está enferma?

—No.

Elena sonrió.

—Precisamente queremos que siga así.

Madre e hijo salieron.

El calor golpeó sus rostros inmediatamente.

Mateo tomó la mano de Elena.

—Está muy caliente.

—Caminaremos despacio.

El trayecto normalmente resultaba agradable.

Aquella mañana parecía interminable.

Cada pocos metros, Elena buscaba sombra.

Cuando finalmente llegaron al edificio de Teresa, encontraron la puerta del apartamento cerrada.

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