La mujer que sonreía ante millones escondía una herida que nadie veía, hasta que un desconocido le dijo: “Las jaulas de oro también siguen siendo jaulas”.

Mientras las cámaras seguían cada movimiento de Lady D, ella buscaba desesperadamente respuestas que ningún palacio podía darle. Una princesa acostumbrada a ser transportada en un Rolls-Royce, contemplando con sorpresa el viejo Volkswagen Beetle de un expresidente que donaba el 90% de su salario. En una chacra uruguaya, Diana Spencer encontraría algo más valioso que todas las joyas de la corona británica.

Lo que José “Pepe” Mujica le respondió cuando ella le confesó que nunca había sido feliz no solo transformó a la princesa más fotografiada del mundo, sino que cambió para siempre su manera de ver la vida.

El sol se ponía sobre Montevideo con esa luz dorada que solo el otoño uruguayo puede ofrecer. El viento del Río de la Plata soplaba suavemente, meciendo las hojas de los árboles que bordeaban la pequeña granja en las afueras de la ciudad. Era abril de 1995 y José “Pepe” Mujica, entonces senador, había vuelto a casa después de un largo día en el Palacio Legislativo.

Como de costumbre, llevaba su característica camisa gastada y unos pantalones informales, que contrastaban profundamente con la imagen que se esperaba de un político. Mientras alimentaba a sus gallinas y revisaba su modesto huerto, el teléfono sonó dentro de la casa.

Lucía Topolanski, su compañera de vida, atendió la llamada.

—Pepe, es del Ministerio de Relaciones Exteriores. Dicen que es urgente —gritó desde la puerta.

Mujica se limpió las manos en los pantalones y caminó con su paso pausado hacia la casa. El pequeño Volkswagen Beetle azul que usaba para transportarse estaba estacionado bajo el único árbol grande que daba sombra en la propiedad. Una perra de tres patas, rescatada meses atrás de la calle, lo siguió fielmente.

—Hola. Habla Mujica —dijo con su voz ronca y ese acento característico del interior uruguayo.

—Senador Mujica, habla Carlos Pérez, del ministerio. Disculpe la intromisión, pero tenemos una situación inusual. La princesa Diana de Gales estará en Uruguay la próxima semana en una visita no oficial relacionada con su labor humanitaria. Ha solicitado específicamente reunirse con usted.

Hubo un silencio. Mujica frunció el ceño mientras acariciaba a Manuela, su perra de tres patas.

—Mencionó que ha leído sobre su historia y sus ideales, y desea hablar con usted durante su estancia. Sería una reunión privada, sin prensa. Especificó que preferiría visitarlo en su chacra, si usted está de acuerdo.

Después de colgar, Mujica se sentó en su silla de mimbre en el porche, encendió un cigarrillo y miró el horizonte. Lucía se sentó a su lado.

—¿Qué quería el ministerio con tanta urgencia? —preguntó mientras le servía un mate.

—Vas a pensar que estoy loco, pero la princesa de Inglaterra, Diana, quiere venir a visitarnos aquí —respondió él, soltando una pequeña risa incrédula—. Lady D, aquí en la chacra.

Lucía no pudo contener su sorpresa.

—¿Y qué le dijiste?

—Que venga. Al final, todos somos iguales bajo el sol, ¿no? Princesa o no, si quiere hablar, las puertas de esta casa siempre están abiertas.

Una semana después, un discreto convoy de tres vehículos negros avanzó lentamente por el camino de tierra que conducía a la granja de Mujica. Era temprano por la mañana y la neblina aún no se había levantado por completo.

Dentro del vehículo del medio, Diana Spencer observaba con curiosidad el paisaje rural uruguayo. A sus 34 años, atravesaba uno de los periodos más turbulentos de su vida. Su matrimonio con el príncipe Carlos se había derrumbado públicamente y la prensa británica la acosaba día y noche.

Este viaje a Sudamérica formaba parte de su trabajo con la Cruz Roja, enfocado en ayudar a las víctimas de minas terrestres. Uruguay no estaba originalmente en el itinerario, pero Diana había insistido en hacer esa parada.

Había leído sobre José Mujica en un artículo de la revista Time: un exguerrillero que pasó 14 años en prisión, muchos de ellos en condiciones inhumanas, y que ahora era un político respetado….

La parte 2 está en los comentarios..

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